Dulce o muerte

||Dulce o muerte

Por Santiago Valencia González

Senador de la República

 

Gran indignación causó en varias personas ver al presidente Iván Duque entregando dulces a los niños en Bojayá durante su visita a este municipio tristemente célebre por uno de los hechos más dolorosos de la historia de nuestro país.

 

Lo que parece inconcebible es que los indignados son justamente quienes protagonizaron la masacre de Bojayá el 2 de mayo de 2002, en donde fueron vilmente asesinados dentro de la iglesia del pueblo entre 74 y 119 personas, en su mayoría niños y más de 98 heridos. Ver en medios y redes sociales a los miembros de las Farc tachando al presidente de “miserable” no solo es ilógico sino un tanto indignante.

 

Verlos ahora posando de defensores de la justicia social y de los desprotegidos, mientras fueron ellos los causantes de la gran mayoría de las desgracias de nuestro país, nos pone a pensar en cuántas familias de este hermoso municipio del Chocó han sido reparadas por sus victimarios, cuántos niños de esos que recibieron los dulces y una sonrisa por parte del presidente Duque, han recibido aunque sea una disculpa de quienes les arrebataron a sus familias y su futuro.

 

¿Qué prefiere la gente en Bojayá, un dulce de parte de la mano amiga del estado que fue a llevarles por fin la tan anhelada agua potable o la muerte que dejó las Farc que después de sembrar devastación, terror y pobreza en nuestra nación, hoy quieren borrar sus crímenes con un tweet haciéndose los indignados?

 

Yo prefiero el dulce del progreso, del diálogo, de la seguridad y de la transformación de las regiones y no la muerte que representa un partido político que tan ligado está al miedo que produjo durante años, que ni siquiera su nombre quiso cambiar, a sabiendas que sus “disidencias” siguen usando el mismo para seguir inculcando el terror del que vivieron durante décadas.

 

“Duque miserable” dice la turba alentada por quienes no han reparado a sus víctimas, ni regresaron jamás a los niños reclutados forzosamente para usarlos como carne de cañón, por los que pobrecitos, no les quedó un solo peso de los miles de millones que les dejó el narcotráfico, los secuestros y la extorsión, de los que no entregaron las rutas por las que sacaban la droga y de lo que es peor, no muestran una sola pizca de arrepentimiento por años de sangre de inocentes derramada.

 

Dulce de un estado y un gobierno preocupado por su gente que no para de trabajar o la muerte que como sombra se tiñe sobre nosotros producto de los nuevos adalides de la moral y la paz.

 

Usted decide…

By | 2020-01-14T11:11:02+00:00 Enero 14th, 2020|Opinión|